Justo cuatro años después de que los delegados del Gobierno y las Farc finalizaran la fase secreta de los diálogos, que dio como resultado el Acuerdo General para la Terminación del Conflicto, la mesa de La Habana alcanzó un acuerdo final de paz. Aunque los textos completos los firmaron ayer protocolariamente los plenipotenciarios de las partes, la ceremonia del fin del conflicto se realizará en unas semanas, cuando las Farc hayan refrendado los acuerdos en su Décima Conferencia y la ciudadanía haya hecho lo propio en el plebiscito.

Aunque la refrendación ciudadana quedó prevista para el 2 de octubre, la visita del presidente Juan Manuel Santos a la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 21 de septiembre, pone en evidencia el que sin duda fue el componente básico del proceso de paz: la participación de la comunidad internacional, clave para su éxito. La prueba fueron las palabras de agradecimiento, tanto del jefe negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, como el de las Farc, Iván Márquez, a la participación de Venezuela, Chile, Noruega, Cuba y Estados Unidos en la construcción y consolidación de las negociaciones.

La historia dirá que si bien el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sembró las bases de la confianza, ayudó a convencer a las Farc de sentarse a la mesa de diálogos y fue el impulsor de la fase de exploración entre febrero y agosto de 2012, su sucesor, Nicolás Maduro, refrendó el compromiso de su antecesor: ver a Colombia en paz. Una labor en la que también fue fundamental la gestión del excanciller y exembajador de Venezuela en Colombia Roy Chaderton, delegado por su gobierno en La Habana.

El propósito continental fue compartido por el gobierno de Cuba, presidido por Raúl Castro, que no sólo facilitó su territorio como sede de los diálogos, sino que fue determinante para rescatar el proceso en momentos de crisis. El secuestro del general Rubén Darío Alzate, la escalada de la guerra en julio de 2015, los desencuentros por las labores de pedagogía para la paz o la búsqueda de caminos de justicia. En estos y otros momentos de tensión, Cuba fue un aliado determinante sin mucho protagonismo.