A los grandes jugadores de la historia del fútbol se les mide en sus apariciones en los momentos importantes, allí, cuando deben aparecer, cuando los demás se esconden, ellos aparecen. Cristiano Ronaldo, este martes, en la goleada 0-3 del Real Madrid en su visita a Juventus, en los cuartos de final de la Liga de Campeones, volvió a aparecer en toda su inmensidad.

En Italia todos estaban concentrados en una revancha: la goleada en la final de la Champions del año pasado dejó el orgullo herido de uno de los equipos más grandes de Europa, pero para Ronaldo no hay nada ni nadie más grande que él y lo dejó claro en el estadio de la Juventus.

El momento cumbre del Balón de Oro fue en los aires de Turín. De espaldas al arco tomó la difícil decisión de saltar con su cuerpo hacia atrás, estirar en toda su dimensión sus piernas para alcanzar el balón en el punto más alto y con su pie derecho ponerlo en el palo más lejano del arquero. Una obra de arte, una utopía, un sueño de gol se convirtió la chilena del 7 del Real Madrid.

Fue tan lindo el gol que los hinchas de Juventus no tuvieron más remedio que aplaudir al portugués. En tiempos de violencia, racismo y otras desgracias en el fútbol mundial parece increíble el gesto de los italianos para con el hombre dueño de sus pesadillas: con los dos de ayer ya van nueve goles que le marca Cristiano al equipo italiano en seis años.